domingo, 25 de abril de 2010

Sobre la pequeña grandeza

Frente aquella pequeña laguna sobre la cual se refleja la naciente luna llena que invade el paisaje con su luz, aquélla frente a la cual los rojos tulipanes voltean su tallo como alabanzas a su majestuosa y cristalina agua; justo ahí, se encuentra Andrick, un niño de rizos color carmesí y enigmáticos ojos verdes... porta consigo un arco para enfrentarse a sus enemigos y pequeñas piedras en sus pantalones cortos.

He ahí al chico, que recostado en medio del verde y húmedo pasto con la mirada hacia el cielo contemplando las estrellas, fija sus curiosos ojos en la más brillante de todas intentando descifrar la inmensidad de su lejanía.

Aprecia lo agradable que es disfrutar del viento que lo abraza con sus cálidos y primaverales brazos y en la forma en que éste juega con sus largos rizos; se dedica a sentir el pasto cubierto de rocío sobre su espalda y piernas desnudas al gozar del rico aroma de la tierra húmeda; a ver la luz natural que la luna y los luceros le han brindado en aquella noche tan especial; se deleita con el resplandeciente manto negro que lo cobija y, de repente, el tiempo se detiene, es suyo, y sólo se encuentra él en compañía de la naturaleza a la que usualmente ignora por encontrarse rodeado de ella a diario, por ser parte de su vida… y no piensa que ella es la única capaz de brindarle tanta armonía a su corazón, ella no pide mucho, únicamente que la escuche, que la observe, que la sienta, que se entregue y la disfrute.

Al estar en la penumbra, valora la soledad; extiende los brazos e imagina que tiene alas, se siente libre e imagina tierras jamás exploradas; aventurarse a un paraíso inexistente; formar parte de algún cuento mitológico; piensa en ir más allá de su limitante mundo; quiere regresar al Edén del cual escapo hace mucho y adentrarse a lo más profundo del mar buscando el tesoro jamás hallado en vida: La paz absoluta.

Tiene sueños, y su mente es invadida por el pensamiento del posible aniquilamiento del mal y el restablecimiento de la fe y la esperanza, la bondad, el bienestar, la estabilidad, la felicidad, la alegría, la paz… él no es consciente de que su pequeño mundo es lo más cercano al cielo pero sabe que el mal existe, lo ve en los ojos del arriero al que espía y del pastor que hace días lo molesta en los alpes.

El pequeño aspira a combatir complejos y prejuicios, y llenar la mente de otros de ilusiones, de sueños y metas, ambiciona entender la forma de actuar de algunas personas cercanas a él; desea dejar de torturar su diminuto cerebro para encontrar respuestas a lo incontestable, evadir su complicado pensamiento idealista y saciarse de lo bueno que le brinda su simple pero valiosa existencia. Don Quijote ha sido personificado.

El viento estaba animado, indicaba querer derrumbar los momentáneos, pero inquebrantables ideales de Andrick y declararle la guerra en ese instante; sin embargo, él se cree invencible al ver que la luna no se esconde aunque las nubes la persigan; su luz perdura vigilándolo, aunque amenace una tormenta… y las estrellas, las estrellas lo protegen cual ejército a su rey.

Los cuentos nocturnos de su abuela alimentaban la imaginación del muchacho, la cual creció insaciablemente, pues nadie imaginaría jamás que tales ideas tuvieran lugar en aquél indomable intelecto de un niño de 5 años.

Abrió los ojos, sonrió y en un susurro dijo “Por más fuerte que el viento sople, jamás nos vencerá…”; tomó su lanza de madera corrió a la cabaña donde le esperaba su abuela, lista para contarle una nueva aventura más.

0 Om Hare Om: