Amiga, hermana, cómplice... siempre hemos estado juntas, en buenos y malos momentos, en éxitos y fracasos, altas y bajas, cerca aunque lejos, muy lejos una de la otra y pese a todo ello puedo decir que amo a mi amiga con todo mi corazón, ha demostrado estar conmigo siempre-siempre y es por ello que e cuento lo que hasta ahora es mi más grande pesar.
Sinceramente hoy no estoy bien… Volteo la mirada hacia el pasado y me doy cuenta de que mi vida llena de pretensiones me ha conducido a tomar decisiones que no siempre me han hecho feliz, eso lo sabes y esta de más escribirlo aquí, incluso puedo intuir que tú ya sabes todo lo que escribiré ahora, pero es mejor que lo escriba y despejas y aclares esas hipótesis.
Siempre soñé con mi graduación universitaria, con comprar un elegante vestido, unas delicadas zapatillas, tener un peinado lindo y verme como una tonta y muy feliz princesa de cuento de hadas… probablemente las películas tengan la culpa de todas esas ilusiones que fui creando en mi mente, pero ¿acaso no son para eso?
No tuve fiesta de graduación, no porque no quisiera, ni lo deseará, y mucho menos porque no la soñara porque ese era uno de mis más grandes sueños en la vida. No fui por múltiples razones que mi mente debió adoptar y asimilar hasta creerse la idea de no querer asistir a una “tonta” fiesta…
Si bien mis padres insistieron en que asistiera pese a la situación económica, dentro de mí sabía que no podíamos hacer un gasto que hasta cierto punto podía ser innecesario, es decir, la posibilidad de asistir la tuve… la segunda razón por la que opté por no asistir fue mi tonto orgullo, algo que no me va, pero que me molestó tanto que me sentí desplazada, mi enojo con quien sería mi pareja fue más allá…la tercera, mis mejores amigas no asistirían, lo que me hizo sentir mayor seguridad ante mis anteriores razones, firmeza para decir “no iré” pues me dí cuenta de que una fiesta no es indispensable, no me hace mejor ni peor que los demás, es sólo y únicamente un festejo.
Dejé de pensar en la fiesta, en el vestido, zapatos, peinado, accesorios, etc… lo saqué de mi mente, pero de mi corazón no pudo salir y es por ello que ahora escribo esto, llorando, pensando en ese momento que siempre soñé, que llegó y sólo lo ví pasar.
Estoy muy triste, nadie lo sabe, nadie más que tú, la misma que ha estado conmigo desde hace diez años y a la que le he contado todas y cada una de mis tonterías, detalles más, detalles menos, pero al final, sabes todo.
Como buenas amigas que somos, sabemos que el logro de una, es logro de la otra, individualmente, pero al final, de ambas, por esa amistad que nos ha unido por una década entera; por ello, ahora mi sueño es estar ahí, en tu fiesta de graduación, quiero estar contigo en ese bello día, yo no fui a la mía, pero estaré en la tuya, compartiendo tu éxito y tú felicidad porque me hace feliz que tú lo seas.
Toda esta situación me deja grandes enseñanzas, ahora espero poder hacer caso a ellas y seguir adelante, aprendiendo de mis errores y aciertos, sin caer en el orgullo y la arrogancia.
Ahora qué sigue… TU FIESTA DE GRADUACIÓN!!!
Te quiero amiga, siempre- siempre!!!

0 Om Hare Om:
Publicar un comentario